Descripción
El hecho de estar destinado Felipe II a heredar un vasto imperio, forzó a sus preceptores a esmerarse en él, a su padre el Emperador en darle contínuamente sus instrucciones escritas y a sus mayordomos y ministros a reglamentárselo todo, por una protección mal entendida.
Ya Rey, fue obsesivo su celo en asuntos de religión y salud; meticuloso en lo que atañe al estado; comedido en su uso del matrimonio; cariñoso con sus hijos. Le gustaba la caza y los jardines a la flamenca, coleccionar cuadros y libros, pasar su tiempo entre papeles, hasta el empacho. Era hombre discreto; de naturaleza tímido. El Escorial, en cualquier medida, fue su magna obra; su política mediterránea su único acierto pleno.






