Descripción
A Teresa de Ahumada, en religión, Teresa de Jesús, este tan poco ortodoxo retrato. A Teresa, a quien me une la fuerza, alguna coquetería y la tenacidad. Con quien, entre otras cosas, comparto el amor por la soledad, la cocina y la poesía; también la pasión por la lectura y el agua.
De Teresa, si no hubiera sido tan doctora, tan «subida» y tan santa, quisiera ser amiga. Yo, tan humana, tan terrena, y tan ruin; que sé, como ella, de miedos, de traiciones, de hambres y desesperanzas; y que como ella, me enfrento y me atrevo a casi todo, sólo por fraternidad, por admiración y por cariño soy capaz de tamaña osadía. Y sólo puedo alegar en mi defensa la ventaja de haber elegido, para nacer, el día de san José, su eficiente abogado y glorioso patrono. Ya, también el mío. De todos modos, pese a esta distancia de siglos, en todo orden, que nos separa -como dijera ella de Cristo- pienso que si está sola y necesitada, tal vez me admita a mí.






