Descripción
«El descubrimiento de los auténticos antecedentes de Jesús y de su auténtica judeidad pretende ser, en otras palabras, ni más ni menos que un intento de eliminar malentendidos que han sido responsables durante mucho tiempo de una imagen irreal de Jesús; un primer paso hacia lo que podría ser el descubrimiento del hombre real que fue. Como hemos visto en estas páginas, sus seguidores tuvieron desde el principio grandes dificultades para aceptar las opiniones que él expresaba sobre sí mismo. Aunque explícitamente eludió el título de Mesías, muy pronto le invistieron con él, haciéndose desde entonces inseparable de su imagen en el pensamiento cristiano. Por contraste, aunque aprobó la designación profeta, fue éste uno de los primeros apelativos que la Iglesia desechó, y que nunca ha vuelto a adoptar. El resultado ha sido que, incapaz de determinar y admitir el significado histórico de las palabras registradas por los evangelistas o no deseando hacerlo, el cristianismo ortodoxo ha edificado una estructura doctrinal basada en una interpretación arbitraria de las sentencias evangélicas, una estructura que tiene que ser, por su propia naturaleza, muy vulnerable a la crítica racional».







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