EL MONASTERIO DE PIEDRA

10,00

Leandro Jornet (Federico Muntadas)

Año: 1966
Páginas: 111

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Descripción

EL MONASTERIO DE PIEDRA

Su historia y descripción, sus valles, cascadas, grutas y leyendas monásticas.

Hace ya tiempo, mucho tiempo, en mis mocedades, vino a caer en mis manos un ejemplar de la agotada edición primera de este libro. Bebí su prosa en un solo sorbo y la volví a releer de otro tirón; y al cerrar la última página surgió en mi mente una decisión y una duda: fue la primera, ir pronto a Piedra y fue mi duda la siguiente: “¿Quién será ese desconocido autor llamado Leandro Jornet? ¿No será acaso un seudónimo para encubrir el nombre del propio Federico Muntadas? ¡Vaya usted a saber!” Y como una obsesión, como una quimera o presentimiento, cuantas veces revolviendo libros en mi biblioteca daba con el tomo de “El Monasterio de Piedra” volvía a mi tema: “¿Quién será Leandro Jornet?” Pues he aquí que después de transcurrido un cuarto de siglo, me trae el correo una carta que ha sido para mí una revelación: mi ilustre amigo, don Carlos Muntadas, me propone la reimpresión del libro “El Monasterio de Piedra” que escribió su PADRE, ilustrándolo con mis fotografías y prolongándolo con mi pluma. La incógnita esta despejada. Leandro Jornet no era otro que el mismísimo Federico Muntadas. Se resolvió, pues, el enigma, según mis sospechas.

Lo que no puede sospechar jamás es que hubiese de ser yo el mismo afortunado prologuista encargado de presentar al público al verdadero autor de “El Monasterio de Piedra”. Es cosa que me honra tanto como la de mezclar mis pobres fotografías con tan vibrante prosa, no para embellecerla (cosa que no ha menester), sino, por el contrario, para avalorar mis gráficos con tan bellas descripciones literarias. Favorecido, pues, por ambos conceptos, sean mis primeras frases de gratitud para el hijo de aquel malogrado escritor que supo sublimar con su pluma a Piedra; y mis últimas palabras de admiración al libro que hoy se reedita con testimonio de amor al autor que se fue de los admiradores que dejó; y no digo palabras de alabanza porque el libro se alaba el solo al ser inspirador y guía de otros posteriores que no pudieron apartarse de la pauta que les trazó.

No quiero estimados lectores, enfrenar más vuestros deseos de leerlo: su prosa fácil y entusiasta, sencilla y elegante, bien sentida y mejor trazada por experta pluma, no ha envejecido en su medio siglo de existencia: es y será siempre nueva y siempre vieja como el amor que la inspira y como la secular belleza de los encantos de Piedra que describe. Este libro una nota brillante del sentimiento dictado por el alma grande de aquel romántico enamorado de Piedra que se llamó Federico Muntadas y que al escribir los dictados de su corazón, mojo con más de una vez la pluma con el llanto de una emoción sincera.