Descripción
Ser reina nunca fue fácil. Casadas a muy temprana edad, cuando aún no habían empezado a ser mujeres, por conveniencias de familia o políticas, fueron destinadas a figurar en el ceremonial de la corte y relegadas a un segundo plano, salvo raras excepciones.
La gran preocupación de estas mujeres fue la de ser madres, porque si no conseguían dar un heredero a la corona se convertían en un fracaso, y nada había tan penoso y humillante como una Reina sin hijos.
La Reina, a su vez, tenía que hacer frente a las numerosas intrigas de una corte poblada por cientos de personas, por lo que se necesitaba estar dotada de buena salud, firme voluntad, carácter templado, inteligencia y diplomacia. Muy pocas Reinas reunieron estas características.
El lector descubrirá, a través de estas páginas, los amores, los celos, las alegrías y muchas tristezas de estas doce Reinas, cuyos matrimonios consanguíneos rayaron, en algunas ocasiones, con el incenso.






